El cambio en el papel del Estado en América Latina

Un proceso de democratización pleno – al estilo de T. H. Marshal – debería apuntar a la realización de la ciudadanía tanto civil y política como social, y debería ser necesario cierto grado de éxito en todas esas áreas para asegurar un resultado positivo del proceso en su conjunto. En todas aquellas situaciones en las cuales persiste una desigualdad socioeconómica extrema la democratización se mueve en un terreno inestable, con consecuencias serias para el proceso de reforma del Estado, que no puede llegar a tener éxito si no se produce una democratización socioeconómica y social que vaya más allá que los actuales programas contra la pobreza, controlados por la política “tradicional”.

Las desigualdades sociales y económicas estructurales prolongarán dependencias que ofrecen inacabables posibilidades de manipulación y abuso del poder por parte de los poderosos, y que para los pobres representan problemas igualmente inacabables de acceso a los servicios públicos que satisfacen sus necesidades básicas. En esta situación, la formación – en la tradición weberiana – de “un servicio civil permanente, apolítico, bien remunerado y apto, con derechos, deberes, jerarquías y escalafones” que encarne una ruptura  con el pasado patrimonial  – una de las máximas prioridades en el programa de la reforma del Estado- no pasará de ser una ilusión y continuará la confusión del Estado con el gobierno en ejercicio y la alianza de grupos de interés que lo apoya.

Menno Velinga, El cambio del papel del Estado en América Latina, Editorial Siglo XXI

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